La selección de Alemania arranca este Mundial mermada por las bajas que azotan a la plantilla y depositando sus aspiraciones en las botas de Michael Ballack, el jugador que está llamado a ser el punto de referencia para los hombres de Voeller. Tras el calvario que tuvo que sufrir después del 5-1 que le endosó Inglaterra en la fase de clasificación, Alemania ha ido poco a poco reestructurando el equipo.
Alemania, que no falta a un Mundial desde 1950, sigue viviendo del título cosechado en 1990 y, salvo sorpresa, no parece este momento el más propicio para revalidar aquellas mieles para una selección que llega con el deseo de alcanzar, al menos, los cuartos de final. Para el choque ante el conjunto árabe, Voeller mantiene la duda del central Marko Rehmer, aunque el resto del equipo será el esperado, ya que el seleccionador no tiene muchas más opciones, salvo en ataque, donde se ha decidido a apostar por el ariete del Kaiserlautern, Miroslav Klose como acompañante de tanque del Bayern de Múnich.
Por su parte, Arabia Saudí, de la mano de su técnico Nasser Al Johar, uno de los principales artífices de su tercera clasificación mundialista consecutiva, llega a la gran cita con el deseo de superar su actuación de 1994, cuando llegó a los octavos del final. Con los jugadores de la vieja guardia, como Sami Al Jaber, el carácter que les ha imprimido su nuevo técnico, y con la clase de hombres como Al Temyat en el centro del campo haciendo el trabajo de media punta, los saudíes sueñan con hacer algo importante.