No parece que España haya aprendido la lección. Nada más conocer el sorteo de grupo que emparejó a España con las teóricamente débiles Eslovenia, Paraguay y Sudáfrica, los especialistas deportivos se apresuraron a lanzar las campanas al vuelo y especular sobre qué rival tendría España en las semifinales.
Sin embargo los éxitos de España en competiciones internacionales no invitan al optimismo desmesurado. El cuarto puesto en el Mundial de Brasil de 1950 parece demasiado lejano para una selección que destaca por la calidad de sus futbolistas.
Además, el hecho de que la liga española sea, con total seguridad, la más potente del planeta, obliga a dejar un espacio para la esperanza y confiar en el combinado dirigido por José Antonio Camacho. El entrenador de Cieza ha aportado frescura al combinado nacional, que no tuvo problemas para ganarse el billete para el Mundial ante rivales netamente inferiores.
De este modo, las expectativas han crecido a un ritmo de vértigo en torno a un equipo que debe poner a la selección donde se merece. Los éxitos de los equipos españoles en las máximas competiciones europeas, unidas a la aparición de jugadores determinantes en el ámbito internacional son los principales motivos para esperar que, de una vez por todas, la suerte de España en el Mundial cambie para bien.
Jugadores como Raúl, Luis Enrique e Iván Helguera deberán concentrarse al máximo para evitar que la selección española haga las maletas antes de tiempo. Sin embargo, todo parece indicar que el excesivo triunfalismo de los aficionados españoles, volverá a ser el principal enemigo de los de Camacho.